Javier Melguizo
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Javier Melguizo


Ante la pregunta ¿y tú qué haces?, me gusta responder: lo primero de todo, soy pintor.
Es una verdad a medias, claro, porque es una más de tantas otras definiciones con las que nos etiquetamos para creernos que somos alguien, pero expresa cierta verdad más amplia sobre mi forma de entender la vida y de mirar el mundo, y que puedo formular así: me comprometo, cada día, a ayudar en el crecimiento de la Belleza.

Entiendo que la Belleza es sinónimo de autenticidad, paz, amor y armonía. Comprometerme con la Belleza, entendida de esta forma, es poner en cada momento mi intención en crecer por dentro: desarrollar mi atención consciente, ir desmontando mis mentiras y falsedades, comprometerme con la vida, nutrir el amor y la compasión, trabajar para ayudar a otras personas a recorrer el camino hacia su propia Belleza.

Esta Belleza también se manifiesta en el arte, a veces la encontramos en los museos o en los teatros, pero a mí me interesa especialmente la que ya hacemos o podemos desarrollar cada uno de nosotros todos los días, y esta es una de las razones de mi dedicación al arte. Y la Belleza, sobre todo, se encuentra en cada momento presente que vivimos con plena consciencia, y para lograrlo es necesario desarrollar nuestro Arte de Vivir, y por esta razón me dedico también a la terapia y al crecimiento interior.

Me pusieron unas pinturas en las manos a los dos o tres años de edad y desde entonces ha sido una de mis mayores fuentes de placer. He sentido vocación artística (el sentirme llamado a). Mi maestro más inspirador en mi aprendizaje de la pintura ha sido Luis Gordillo (además de todos los grandes artistas del pasado que me emocionan). Nunca he dejado de pintar -ni de modelar, esculpir, escribir- pero me ha costado mostrar mis obras en público, a menudo lo he sentido como una forma de desnudarme dolorosa e impúdica.

Mi descubrimiento de la danza, sin embargo, es tardío (a pesar de ser otra gran vocación de mi infancia), y comienza a los veintiséis años a través de la Danza Contact, que abrió un nuevo mundo para mí: el descubrimiento del placer de bailar y conocer a través del cuerpo (gracias, Antonio del Olmo!). Desde entonces la danza ha sido para mí un camino de inmenso disfrute y alegría, además de una amplia apertura al conocimiento de mí mismo. Durante un tiempo un grupo de amigos formamos la compañía de danza Kizás y esto me permitió probar a ser intérprete ante un público, y he ido colaborando también como creador en diversas performances y espectáculos interdisciplinares, sobre todo explorando la fusión entre la danza, la música y la pintura. En estos últimos dos años estoy dirigiendo proyectos escénicos desde una perspectiva terapéutica. En este fascinante camino del cuerpo he podido conocer a profesionales y maestros de los que me he nutrido enormemente (el citado Antonio del Olmo, Giuseppe Stella, Mari Carmen Arnó, Graciela Figueroa, Susana Estela...).

Otro camino fundamental en mi trayectoria comenzó con la educación. Empecé acompañando a los niños en sus creaciones, formé a adultos en teoría y técnicas artísticas, y cuando me di cuenta de que necesitaba encontrar nuevas formas de enseñar basadas en el crecimiento de la persona y no en la acumulación utilitaria de contenidos, la educación fue derivando hacia la terapia.

Llegar a la Psicoterapia ha sido el desarrollo natural de estos pasos previos. Hice mi terapia personal en Gestalt y Bioenergética, me formé en Gestalt y en terapias corporales y meditación, y allí encontré grandes frutos de la mano de Paco Peñarrubia, María Morales y muchos otros que me ayudaron a ser más yo mismo (de nuevo gracias!). La Gestalt me confirmó lo que ya intuía y me dio las herramientas para practicarlo. Estudiar y profundizar en el Psicoanálisis es otro paso importante en mi trayectoria, que aporta a mi trabajo psicoterapéutico el soporte teórico indispensable. En mi crecimiento espiritual, el Budismo es actualmente una guía que sustenta mi caminar.

Sumando todos estos caminos que se entrecruzan fui creando mi propia manera de formar o acompañar en el arte y de hacer arteterapia, a la que llamo Integración Creadora. Y en el inicio de esta integración tuvo un importante papel Susana Estela, que me inspiró con su hacer sencillo y revelador y me mostró caminos para relacionar la plástica con el cuerpo.
Después de quince años de experiencia profesional (por ahora), sigo aprendiendo y disfrutando cada día con mi trabajo, doy gracias a todos/as mis pacientes y alumnos/as por lo que me enseñan y me siento afortunado de crecer y de ayudar a otros a crecer desde caminos que se nutren de tanta Belleza.

Javier Melguizo

 

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